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Cuenco y pájaro de cerámica made in Platonia. Ilustración por Sonia Castillo, a.k.a. Úrsula Epops

El cuenco es la más austera y esencial de las vasijas. En él encontramos el origen de todas las formas cerámicas primitivas y el valor más trascendental, pues incluye el vacío y reproduce el gesto de las manos que ofrecen o reciben alimento.

Forma y contenido: el vacío

Precisamente el vacío es el centro de atención en el diseño de cerámica utilitaria, cuyo objetivo es la creación de un espacio cóncavo que funcione como contenedor. Por su naturaleza, las piezas de cerámica no pueden ser macizas, pues si lo fueran se agrietarían o explotarían durante la cocción. Así, el artesano crea pensando en el espacio interior, a la vez que descubre y abraza la forma exterior; el reto consiste en integrar ambos elementos -contenedor y vacío- de manera armoniosa, a fin de conseguir un recipiente que, además de ser funcional, resulte agradable a la vista y al tacto.

“Modelando el barro se hacen los recipientes y es su espacio vacío lo que los hace útiles (…) y lo que permite que una casa pueda ser habitada”.

Tao-Te-Ching

El pensado chino Lao Tse decía que el vacío -o ‘la nada’- es lo que hace útiles a las vasijas y que, en general, “en lo que tiene ser está el interés, pero en el no ser está la utilidad”.

Para el taoísmo y el budismo, buscar el vacío en la realidad aparente es buscar su verdadera esencia; porque el vacío es la realidad profunda de las cosas. En él está el origen de todas las cosas, la suprema potencialidad que todo lo contiene.

Lo invisible se expresa a través de lo visible

En otras palabras, es el contenido interior, invisible, inmaterial, el que se expresa a través de la forma exterior visible, material; y la forma surge como expresión de las fuerzas creadoras interiores, que son las que la ‘animan’, le dan ‘vida’.

  • El mundo material es la expresión de un mundo sumergido
  • El cambio continuo es el efecto de las fuerzas invisibles
  • Todo crecimiento se realiza desde el interior hacia el exterior